MARIO ALBERTO GONZÁLEZ


Alberto González
Alberto González "Gonzalito"

Tras que en el Mundial de Suecia, Brasil presentara al mundo una innovación táctica que le brindó espléndidos resultados, muchos fueron los que tomaron como punto de referencia ese esquema. Entre otras cosas el 4-2-4 permitía que el conjunto tuviera mejor equilibrio entre su defensa y ataque, no quitándole peso ofensivo. Otra novedad era que el wing izquierdo no ocupaba la punta izquierda, sino que se tiraba unos metros atrás para ser el enlace entre la línea media y la línea ofensiva. Era el ventilador. La llegada de Feola, primer cultor de dicho sistema de juego, a Boca, impuso esa variante en el esquema boquense. Primero algunos intentos fueron encomendados a Ernesto Grillo quien brindó su experiencia y panorama de juego. después esa misión tuvo un dueño indiscutido. Fue Alberto González.

Para cumplir una tarea de tal magnitud, que cobró gran importancia dentro del conjunto compacto que formaba el invulnerable, se necesitaba un hombre que además de condiciones sintiera dicha función. Su tarea no era vistosa, no provocaba el delirio de los hinchas. Pero sí aportaba su cuota de sacrificio en ese múltiple trabajo que se le encomendaba. Era el hombre que con su habilidad y simpleza de juego conectaba la línea del medio integrada por jugadores de personalidad y fuerza, con la creación en los pies del "Beto" Menéndez. Cuando la circunstancia era propicia buscaba el desborde, o al dejar el vacío en la punta cuando se proyectaba Marzolini lo acompañaba en su escalada hasta el fondo de la cancha. Cuando el dueño del balón era el rival, Gonzáles era el que acudía inmediatamente a molestar a quien avanzaba o a ayudar al compañero sobrado por el juego. Todo lo hacía casi a la perfección. Llenando toda la franja izquierda con su fervor, que aunque no lo  transmitiera afuera como otros, estaba pleno de él. Sin dudas cuando llegó de Atlanta donde ya había cumplido una función parecida pero no era el "ventilador", Boca no realizó una compra que le redituaría importantes logros, teniendo en cuenta el posterior rendimiento del jugador. No fue una contratación ruidosa, pero sí valiosa.

Su contextura física no iba de acuerdo con el juego que cumplía dentro de la cancha. "Gonzalito" lo llamó la tribuna para identificarlo con una característica en el apodo. Junto con Simeone y Menéndez le dio a Boca la cuota de fuerza y fútbol para llegar a la estrella en 1962. Los tres fueron figuras claves en esa conquista.

Se modificó la base del equipo en los años siguientes y alternativamente fueron llegando Corbatta, Sanfilippo, Loayza y otros. Gonzalito era irremplazable en la punta izquierda, En el '65, fue el punto cumbre del bicampeón. Después la declinación del equipo y, a pesar de ello, González fue una de las figuras que se mantuvieron en el primer nivel. Ya no fue con la misma contundencia el "ventilador". Alternaba como creador, o decididamente era medio campista junto a Rattín. Llegó a formar parte de la defensa boquense y cumplió con acierto su tarea. La selección nacional requirió de su humilde juego para integrar los combinados que viajaron a Chile e Inglaterra. Siguió en Boca hasta que ya la titularidad era una amiga poco frecuente. Fue transferido a Unión

Española de Chile, donde finalizó su carrera. Se inicia en la dirección técnica en Atlético de Tucumán donde tiene éxito en su actuación.


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EN EL MEDIO JUEGO

Con Marzolini, el más pibe del equipo titular. En la edad gloriosa de la "colimba", que Gonzalito hizo este año. Y la hizo sin ninguna ventaja, aguantándose las horas de imaginaria y zambulléndose en el salto de rana, que es un  ejercicio no contemplado todavía en los planes de entrenamiento de los preparadores de fútbol.

González participó de aquella desdichada aventura de nuestra selección por Europa. Fue llevado como 11, cuando en Atlanta cumplía la función clásica de enlace destinada al 10 o al 8.

En Boca Juniors estaba destinado a ser interior. Para eso fue comprado, pero el incomprensible bajón que sufrió el rendimiento de Callá lo obligó a pasar afuera. Claro que el juego que practica está lejos del que tenemos por normal en el wing clásico. Está preferentemente tirado adentro, siempre en posición de retraso, cumpliendo funciones establecidas rígidamente en esquemas tácticos que acaso no sean los que más convengan a sus características personales de juego, pero que contemplan en cambio algo más importante: las conveniencias del equipo.
Mario Alberto González

La hinchada no siempre ha aceptado de buen grado que Gonzalito juegue de la manera que lo hace, pues hubiera preferido verlo en función más netamente ofensiva. Pero el sólo hecho de que el pibe haya cumplido, sin alejarse un milímetro de la tarea encomendada por la dirección, aún teniendo que apartarse para ello de los lineamientos esenciales de su temperamento, ya destacan en González un aspecto que es vital en el fútbol de esta época: el acatamiento incondicional a planes prefijados y que, por supuesto, son los que se consideran más convenientes a los intereses del equipo.

Por otra parte González tiene un sentido generoso del fútbol. Un espíritu de colaboración que le impone la resignación de toda ambición personal. Su maniobra busca siempre la ligazón estrecha con la de sus compañeros. Y de alguna manera resulta sorprendente que Gonzalito se adapte tan a la perfección al juego asociado cuando por razones de estilo - y también de edad - podría todavía estar más cerca de la mentalidad alegre que impera en el potrero que en la seria y grave que impone la organización de los grandes equipos profesionales. Otra cosa digna de destacar.

A González, como anteriormente ocurriera con Marzolini, no le pesó la camiseta y lució con la misma prestancia la auriazul a franjas anchas que el mismo azul y oro a verticales angostas que había vestido en Atlanta.

Fuente: Así es Boca (1962)


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