ÁNGEL CLEMENTE ROJAS


Angel Clemente Rojas
Ángel Clemente Rojas (Foto: Boca "el libro")

De todos los ídolos que recordamos en estas biografías, quizá Ángel Clemente Rojas, "Rojitas" para la hinchada, haya sido el que más lejos llegó. Fue tal la dimensión que cobró desde que apareció en primera división, que resultan impotentes las expresiones para definir el sentimiento que le prodigó la hinchada más fervorosa del país. Adorado y mimado hasta los límites insólitos cuando estaba en su buena hora, alentado y perdonado cuando por su indisciplina y poca atención hasta hacia los entrenamientos dejó perder su mejor condición física. Así como el estallido se hacía eco en la voz del presentador del primer equipo en el estadio tras cada uno de los nombres del equipo, cuando se anunciaba la presencia de "Rojitas" en el centro del ataque el delirio ganaba la popular y el ambiente se predisponía a una victoria xeneize merced a los mágicos arabescos que tenían por eje esa cintura capaz de quebrarse de manera inexplicable. Tan importante era la fusión en el hincha y la actuación de "Rojitas" que cuando fue transferido a Deportivo Municipal de Lima no tardó en reconocer que la ausencia de su público le pesaba para mal en su rendimiento. Quizá entre todos, sea el símbolo más importante que haya dado Boca hasta ese momento.

Las gambetas capaz de realizar y su siempre irreverente actitud hacia Amadeo Carrizo, un símbolo de River, aceleraron su marcha hacia la consagración. Cuando todavía era un cinco que asombraba a la tribuna se encargó de intranquilizar y modificar al legendario golero. Ya más maduro, en 1968, se acercó al arquero que tenía una serie importante con su valla invicta y lucía en todos los encuentros una misma

gorra, como cábala. Se acercó sonriente, lo saludó e inmediatamente le quitó la gorra de sus manos y echó a correr como un niño contento con la travesura que acababa de realizar. Carrizo se fue masticando rabia a ocupar su valla momentos antes del partido.

Se encumbró entre los mejores delanteros argentinos de los años sesenta, a partir de 1964, luego de una grave lesión que lo mantuvo inactivo la mayor parte del año anterior. Un encontronazo con Devoto, defensor de Huracán, y los ligamentos que crujen despiadados, como un grito que anuncia la caída de un crack. Muchos fueron los que dijeron que esa lesión era el final de la carrera de ese hombre que ya había dado muestras acabadas de sus dotes. Todos los penosos comentarios que habían sido tejidos alrededor de su desgracia quedaron en el olvido, ya que en 1965 fue devuelto en su plenitud física, convirtiéndose en artífice de la

estrella obtenida ese año. Ya no hubo elementos para cuestionarlo.

Angel Clemente Rojas
Savoy, "Rojitas" y más lejos Rattín. En el suelo, Antonio Rosi

Ni siquiera aquellas discusiones técnicas que ponían en tela de juicio su habilidad. No era el gambeteador empedernido que siempre quería hacer la jugada imposible. Era capaz de hacerla, pero su gambeta era positiva, siempre para adelante, generando el fútbol claro y contundente con esa estirpe que solo tienen los cracks. no era tampoco el habilidoso tierno que a la hora de los golpes se borraba del trámite del partido por la intemperancia de los rivales. Parecía agigantarse cuando los golpes trataban de cortar ese circuito endiablado que elaboraba su cintura. A su lado sus compañeros crecían anímicamente al impulso de su improvisación y el contrario, irremediablemente, se resignaba ante esa prueba de temple y seguridad. No tenía el remate espectacular del cañonero, pero la fuerza en el disparo era capaz de desorientar al arquero por la precisión con que era ejecutado. Un delantero de los grandes, sin dudas.


"Rojitas" festejando uno de sus goles en la Bombonera

Muchos son los goles que se pueden recordar de "Rojitas", diminutivo de su apellido que tenía como propósito diferenciarlo del "Tanque" Rojas, físicamente y futbolísticamente opuestos. Pero quizá el que más importancia haya tenido fue el que logró en las finales del Nacional de 1970 ante Rosario Central. Así lo recuerda Orlando Medina: "Era increíble. Los rosarinos nos tenían dormidos. Atacamos siempre pero no podíamos llegar. Ellos ganaban 1 a 0 con gol de Landucci y nosotros no teníamos nada que hacer. Silvero, que era nuestro técnico, nos gritaba para ordenarnos pero no había caso. Al lado estaba Angelito y le pedía a gritos: 'Poneme que te salvo el partido'. Silvero no quería ponerlo porque no había andado bien en los últimos partidos y no estaba en su mejor condición física. Al fin accedió y 'Rojitas' entró. Hizo un par de jugadas e hizo un gol. Despertó a los indios de la tribuna y nos fuimos con todo arriba. Ganamos 2 a 1 con gol de Coch, pero 'Rojitas' había dado vuelta el partido. Sólo un topo como él era capaz de hacer semejante cambio". "Rojitas" entró por Curioni cuando el partido parecía definido en favor al equipo rosarino. Los centros caían y eran devueltos invariablemente por los dos centrales azul y oro. Apareció Rojas y el camino no fue el pelotazo aéreo. Pelota contra el piso tratando de llegar por las puntas. Una pelota llega a sus pies dentro del área. Está rodeado de rivales.

Angel Clemente Rojas
El cabezazo de Ángel Clemente Rojas, tiene destino de gol

Quiroga, el arquero de Rosario Central, sale presuroso y se arroja con su cuerpo tratando de tapar la trayectoria que podía tomar el balón. Era imposible para Angel Clemente Rojas tirar. Pero, no. Quebró la cintura y sacó un derechazo que pasó por debajo del cuerpo del arquero y se metió por el centro del arco entre dos defensores que se quedaron parados ante la precisión y rapidez de la maniobra. Boca fue un aluvión que se lanzó sobre la meta rosarina. Otra gambeta de Rojas, el pase a la derecha, el centro y la llegada franca para definir de Jorge Coch. Boca daba por segunda vez consecutiva en el Monumental, la vuelta olímpica. "Rojitas", su responsable directo. Sus compadres fueron varios. Hombres que interpretaban el mismo lenguaje futbolístico que Rojas. Cuántas monumentales paredes habrá fabricado al lado del "Beto" Menéndez o del "Nene" Sanfilippo. Después al lado del "Tano" Novello o con el "Muñeco" Madurga. Pero siempre estuvo de jugadores de primer nivel. En el Arsenal de Lavallol, cuando fue a préstamo para asentarse como jugador de categoría, y la sociedad de Pianetti fue el atisbo a las posteriores maniobras que tejieron en la  primera xeneize. O en Belgrano, cuando aún era un chiquilín desganado que concurría a la escuela y dependía de lo que pudiera hacer en el potrero al lado de una constelación de estrellas de esa misma década: Miguel Ángel Santoro, Roberto Perfumo y Raúl Bernao.


Ángel Clemente Rojas en acción, en el Monumental perseguido por Miguel Ángel López

Rojitas (Nacional 1970)

El 19 de marzo de 1963 debutó en primera división ante Vélez Sarsfield en "La Bombonera". Ganó Boca por 3 a 0, con tres goles de Corbatta, tres electrizantes jugadas de Ángel Clemente Rojas. A partir de entonces, la hinchada se hizo devoto de las excentricidades de ese gran jugador. Después vinieron los declives por los renunciamientos de los entrenamientos. Altibajos, el renunciamiento en el '69 y la etapa del ocaso a partir de 1971. A principios de 1972 es transferido al fútbol peruano, donde en escasos momentos llega a justificar su presencia de jugador famoso. Volvió decidido a recuperar los kilates de jugador consagrado en 1973. No era el mismo "Rojitas", el de las gambetas increíbles y de las jugadas menos impensadas. Su cintura era entumecida por los kilos de más. Jugó un par partidos en tercera división, uno de ellos ante River Plate, habiéndoselo mencionado como posible sustituto de Hugo Curioni, suspendido en el primer equipo. Su condición física evitó esa vuelta. Se le dio el pase libre y se alistó en Racing Club. Intentos vanos para volver a Lanús y Argentinos de Quilmes y el adiós definitivo del fútbol. Se había ido un gran jugador. El símbolo más estelar que ha brillado en el cielo azul y oro.

 

Continúa>>


Volver a Biografías


 

Volver a la portada

 


Desde el 15 de noviembre de 2000