ANTONIO VALENTÍN ANGELILLO


Antonio Valentín Angelillo
Antonio Valentín Angelillo

No vamos a recalar las palabras que decimos en la historia. El fútbol argentino en la década del cincuenta, tomó por una pendiente que lo fue alejando lentamente de los primeros puestos que había ocupado años antes. Los nombres que habían brillado tiempo atrás se mantenían vigentes a pesar de que ya no estaban para permanecer en primera. No surgían las figuras a menudo como brotaban en distintos equipos como en el decenio anterior. Por eso la aparición de Antonio Valentín Angelillo fue como un aliciente para un enfermo que perdía uno a uno sus sentidos. Fue grande sin exceder el plazo de la sorpresa en el momento de la entrada al fútbol grande. Fue crack cuando apenas había cumplido los dieciocho años. Se adueñó del respeto y la admiración del simpatizante, con su juego sutil, pródigo en inteligencia e improvisación.

Nadie podrá olvidar aquel Sudamericano de Lima de 1956, donde la selección argentina brindó espectáculos de primer nivel y tuvo en Angelillo a su máximo exponente. Cómo olvidar aquella delantera que combinaba habilidad, destreza y contundencia, en una mezcla que fue llamada "Los Ángeles de las Caras Sucias". Junto a Maschio y Sívori integró el último gran terceto central de ataque, en tiempos cuando todavía los ataques se alineaban de a cinco. Los tres fueron vendidos a Italia donde mantuvieron el andar brillante de su trayectoria. Un año más tarde el combinado argentino caía impotente ante la fuerza atlética de los europeos. Brasil, que había sido derrotado claramente en aquel torneo, se consagra por primera vez campeón mundial. Comenzaba una nueva etapa para el fútbol argentino.

Angelillo decía tiempo más tarde en Italia: "A mi me vendieron porque el presidente era Miguel de Riglos. Si estaba Armando, estoy seguro no me iba de la Argentina". Otra vez el ídolo, el goleador que se ganaba el puesto con el grito enfervorizado en su boca, partía dejando un vacío difícil de llenar. Borello no estaba en su mejor momento, ya había pasado ese fulgor que lo envolvió en el '54. llega 1956 y Antonio Angelillo, que se había iniciado en Arsenal de Sarandí, había tenido una buena temporada en Racing Club en el '55, llega a Boca como insider derecho, el mismo puesto que pidió cuando era un chiquilín y fue a probarse. "Yo fui número nueve por casualidad. Cuando llegué a Boca, Borello era titular indiscutido. A principios del campeonato se lesionó de gravedad y yo pasé al centro del ataque". Nadie podía reemplazarlo hasta el momento de su venta. Algunos lo comparaban en su juego con "Piraña" Sarlanga. Rápidamente se gana el aprecio del número doce. Catorce tantos lo erigen en el goleador del equipo y en uno de los hombres más positivos del torneo.

La consagración es inmediata. Llega la selección y a comienzos de 1957, el momento de firmar el contrato, pide lo que cree que vale su juego, dentro del campo de juego. El pedido se lo considera desmedido y la comisión directiva lo suspende como medida ejemplificadora. Angelillo no cambia su postura e insiste en su pedido. Pasa Lima y llega la reconciliación. Las noches peruanas y el fantasma de la falta de gol hace que se llegue a un acuerdo. Pero era un antecedente que tendría paso en el instante que llegó la oferta multimillonaria del Internazionale de Milán. Boca pierde dinero en el momento de su venta. Tasado su pase en 10 millones de pesos, es transferido en seis millones y medio. Se iba un hombre que era importante en cualquier equipo, que no pudo ser reemplazado inmediatamente. Se iba un goleador de clase. Un jugador que brilló potente en un ciclo tan esplendoroso como breve.


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Desde el 15 de noviembre de 2000