CARLOS JOSÉ VEGLIO


Carlos José Veglio
Carlos José Veglio

Durante cuanto tiempo habrá sido el tabú para el amante de fútbol la edad de los hombres que lo practican. Acaso durante demasiado tiempo se creyó que era inútil pensar que un hombre hubiera superado la barrera de los treinta años pudiera continuar siendo útil en primera división. Aunque lógicamente hay sobrados ejemplos que demostraron la relatividad de ese postulado. Con mayor frecuencia en la actualidad, más esporádicos los casos con anterioridad. Para citar ejemplos bastaría con recordada la extensa trayectoria de José Marante en la defensa boquense, más su breve paso por Ferro Carril Oeste, a lo que habrá que agregar dos temporadas en el fútbol uruguayo. O que más serviría para aniquilar con esa presunción la mención de nombres como la de Natalio Pescia, Arico Suárez, Antonio Roma, Rattín, hombres que cada cual a su turno fueron dejando hasta sus últimas apariciones las bondades de su juego. No continuaremos abrumando en nombres para conseguir una prueba tajante. La tenemos en este hombre que dio muchas satisfacciones cuando muchos creyeron y afirmaron que estaba terminado.

A comienzos de 1976, Boca Juniors cambia totalmente su mentalidad de juego con la llegada del "enorme" Juan Carlos Lorenzo, "el Toto". La meta no ofrece posibles renunciamientos. Había que brindar a Boca un título. Vienen de Unión, Gatti, Suñé y Mastrángelo. Se agrega Francisco Sa, libre de Independiente. Taverna, goleador de Banfield, Osvaldo Gutiérrez de Atlanta. Junto con ellos, sobre el cierre del libro de pases, se agrega Carlos José Veglio. Atrás habían quedado los comienzos felices en Deportivo Español, que lo catapultaron como una promesa. Después el ciclo en San Lorenzo de Almagro formando parte de "Los Matadores", ese campeón casi perfecto de 1968. después los períodos de luces y sombras. Las buenas y las malas. Las tardes en que ingresaba para hacer recordar sus comienzos. Las otras para añorarlo. Cuando la entidad de Boedo le dio el pase en blanco muchos firmaron su defunción futbolística. Venía como tercer hombre para el centro del ataque. Estaba Taverna, un goleador nato. Permanecía Carlos María García Cambón, carta de gol en los últimos campeonatos. Pocos creían en él.

Veglio desestimó esos comentarios. La experiencia le decía que salió intacto de otras más graves. Físicamente estaba bien, anímicamente mejor. Había vuelto a creer en él. Esa era un carta que no muchos contaron para un hombre como él que venía de muchas malas. No fue titular de entrada. Sus apariciones fueron esporádicas, alternando con García Cambón y Taverna, que se había recuperado de una lesión. Ante Estudiantes de La Plata cumplió una actuación que fue el anuncio de lo que posteriormente rendiría. Dos goles para certificar su vuelta. No tenía puesto fijo. Era nueve, diez u ocho. Pero en cada uno de esos puestos fue cumpliendo.

No podía fracasar en Boca. "Era quizá la última oportunidad de mi vida". Mantenía las condiciones que lo llevaron al primer plano. Habilidad, simplicidad en el toque, seguridad en el momento de la definición. No tenía la velocidad de entonces. Pero nunca fue un goleador nato. Se destacó por su capacidad para armar juego. Se adaptó fácilmente al grupo de hombres que como él "estaban de vuelta". En la intimidad contaba: "No te imaginás las maniobras que hacemos con el 'Loco' Gatti para cubrir las entradas que tenemos en el bocho. Con el poco pelo que tenemos nos alcanza.

Boca ese año consiguió clasificarse a la ronda que decidiría al campeón, dejando una imagen inconsistente. Pero en esa ronda Boca fue el Boca que las circunstancias exigían. Veglio fue el astuto estratega en el centro del ataque, metiendo cortadas para la entrada de Mastrángelo o Felman, o el hombre capaz de entrar tocando en paredes con el "Chino" Benítez o Jorge Daniel Ribolzi. Ya fue imprescindible en ese equipo que  ganó el título e hizo feliz a la mitad más uno del país. En el Nacional. otra vez las dudas. Primero la llegada de Oviedo y más tarde la recuperación de Taverna. Veglio queda relegado. Sin embargo forma parte del conjunto que juega la final ante River Plate y logra el bicampeonato. Juega de ocho en lugar de Benítez lesionado. Quizá ese año, a pesar de los buenos rendimientos, quedará la duda. Que seguramente habrá aumentado a comienzos de la temporada siguiente, pero que se habrá ido reduciendo con el correr de los partidos. Veglio se había ganado el puesto y la camiseta número nueve era suya. Carta de triunfo en la Copa Libertadores y en los torneos locales. Ya la costumbre era ver la formación de la delantera: Mastrángelo, Veglio y Felman. Cuando no está, muchos se preguntan: "¿Qué pasa con Veglio?" No había duda alguna. En las finales con el Cruzeiro de Belo Horizonte vive quizá el momento más feliz de su carrera. Primer partido decisivo en Boca Juniors. Pocos minutos del inicio y llega un centro al área. Una serie de rebotes y la pierna derecho de Carlos Veglio que le da destino de red a un balón perdido, a pesar del esfuerzo del arquero. Pasa la noche de Brasil, donde Nelinho con un sablazo demora la consagración. Y después llega la definitiva en el Centenario en Uruguay. No es nueve. Es ocho y otra vez aporta su cuota de simplicidad al ataque boquense. Un cabezazo a quemarropa es magistralmente sacado por Raúl sobre la línea de sentencia. Llegan los penales y la consagración. Boca es campeón de América por primera vez en su historia y Carlos Veglio la figura de la cancha, tiene que relatar lo mejor de su actuación. Lo obligan a hacer memoria para relatar su gol de "La Bombonera". Al año siguiente otra final y otra copa. Veglio alterna con frecuencia en esa formación. A fin de 1978, el pase libre.

Otra noche que vale la pena recordar en este primer paso por la ribera es la que se juntó otra vez después de mucho tiempo con Victorio Nicolás Cocco. Se entrenaron tan bien que Juan Carlos Lorenzo, verborrágico como siempre, , dice a la finalización del partido con Estudiantes de Buenos Aires: "Estos estaban muertos y los traigo aquí. Miren como están. Parecen dos pibes". Un año en el extranjero y la vuelta a Boca Juniors a comienzos de los '80. Son tiempos malos, herencia de los éxitos. Hay que poner el hombro. El peligro del descenso se cierne sobre el momento boquense. Rattín acude a él en los momentos en que no cabe otra alternativa que el triunfo. Se levanta como una figura rescatable de un Boca que, lentamente, se recupera. Después el banco tiene una plaza para él. En el Nacional prácticamente no juega en el primer equipo. Atrás quedan las tardes buenas que fueron más que las malas. Pensar que muchos no creyeron en él cuando llegó a Boca. Veglio respondió a todos. Le ganó a los que no creyeron. Fue su revancha.


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Desde el 15 de noviembre de 2000