CARMELO SIMEONE


Carmelo Simeone
Carmelo Simeone

Otra versión de estos hombres que sin tener la talla supuestamente necesaria para ser fuertes y valientes en el campo de juego, se constituyen en una cuota de fervor y temperamento para un equipo que necesitaba de esas características para salir a flote luego de ocho años sin conquistas. Llegó de Vélez Sarsfield precedido por el renombre que se alcanza con un rendimiento continuo y seguro. Arribó en el momento que se estaba incubando un gran equipo que tendría como única meta la conquista de un campeonato. Carmelo Simeone brindó el aporte incondicional a ese logro.

Boca fue campeón en 1962 y una de las revelaciones más importantes de esa temporada fue ese diminuto marcador que con su temperamento fogoso, entrega total durante los noventa minutos, se adueñaba del sector derecho de su equipo. Los xeneizes sentaron en su defensa un arma decisiva para la conquista, siendo Simeone uno de los exponentes de aquella gran zaga. Silvero ponía experiencia; Marzolini la calidad e inteligencia; Rattín la personalidad del caudillo; Orlando la ubicuidad y el panorama; Simeone el fervor de un hombre que siente el peso de esa camiseta. Alguna vez comentó que vivió en un partido una circunstancia amarga. Fue la tarde que Boca se metió en el bolsillo la estrella que logró en su primer año en la ribera. Fue contra River en la Bombonera. Ganaba Boca 1 a 0 y River insistía indistintamente por ingresar en el área xeneize. Artime se filtraba y "Te juro que fui a la pelota, pero él era muy vivo y adelantó el balón y lo 'bajé'.
Cuando se estaba por ejecutar el penal me sentía
culpable de que todo se perdiera de esa manera. Tenía confianza en Roma, pero, cuantos penales son atajados por los arqueros y cuantos convertidos. Me sentía mal. Por suerte Roma lo atajó y fue como volver a vivir".

A la primera estrella que obtuvo en Boca le agregó otras dos en el '64 y '65 cuando fue figura nuevamente importantísima de la defensa  del invulnerable bicampeón. En el '63 fue finalista de la Copa Libertadores de América, donde vale la pena recordar  sus duelos con Pepe, puntero izquierdo del Santos de Brasil. velocidad y potencia eran las virtudes más salientes del puntero brasileño. Ganó y perdió con ese hombre experimentado de juego perfecto para el manual de los punteros. "En el primer tiempo del Maracaná nos pasaron por encima. Estaban inspirados y no había forma de pararlos, hasta que en el segundo tiempo se paró Rattín en el centro del campo y se hizo fuerte. Los negros se pararon y nos fuimos al humo. Sanfilippo metió dos goles y casi sobre el

final de la etapa. Hubiera sido una hazaña, pero no pudo ser". En la revancha, con la obligación de ganar para los xeneizes, Simeone fue de salida junto con Silvio Marzolini por el otro sector del campo. "Teníamos que ganar o ganar. 'La Bombonera' era inexpugnable para muchos equipos de aquí y creíamos que ellos se achicarían dentro por la presión del público. Empezamos jugando a toda máquina y Sanfilippo nos puso en ventaja. Sinceramente ahí creía que el partido había terminado y que ya el tercer encuentro estaba decretado. Pero Pelé y Coutinho metieron un par de paredes descomunales y pusieron un dos a uno definitivo. Atacamos y atacamos pero estábamos nerviosos y ellos cada vez que metían un contraataque se ponían a tiro del tercer gol".

Recuerda con afecto una noche de la Copa Libertadores de 1965. "Estábamos jugando la etapa eliminatoria contra el Deportivo Quito, al que ya le habíamos ganado en el partido de ida en Ecuador. Ganábamos fácil 3 a 0 y seguimos dominando a gusto. Me mando por el lateral derecho como era costumbre aunque la jugada viniera por el otro lado. Marzolini la cambió para mi lado y la recibí solo, sin marcas. No dudé. Le metí el zapatazo bajo y a cobrar. Por un momento pensé que podía estar el off side, pero cuando vi correr al linessman, salí disparando como loco. Haber salido tres veces campeón fue una alegría incomparable, pero aquella noche no me la olvido nunca más".

Fue declinando al mismo tiempo que invulnerable fue cediendo al desgaste de su mecánica, pero ningún boquense podrá olvidar a ese diminuto marcador de punta que regaló hasta la última gota de sudor que había en su cuerpo por la victoria de Boca Juniors. Con la garra proverbial de los xeneizes en todos los tiempos.


Ampliación de biografía



Carmelo Simeone

DEFINIDA ESTAMPA DE BATALLA

Su ingreso a Boca Juniors provocó cierta resistencia en la hinchada, pero al finalizar la temporada Simeone había sabido ya conquistarse un hueco muy amplio de cariño. No es de los hombres - hay que confesarlo - que puedan provocar una muy encendida admiración. No puede, en verdad, admirar con alardes de virtuosismo, pero sí impresiona por su firme voluntad batalladora.

Si conocerse así mismo es una virtud, Simeone la posee en amplia medida. El sabe de sus limitaciones, y por eso nunca trata de caminar más allá de lo que le permite el tranco. Algunas de las cosas del fútbol las sabe a la perfección. En la marca es un cancerbero; y si el rival se le va, no va a ser muy lejos. Cerrarse sobre el arco para taponar, lo hace bien, casi por instinto, y luce en ello un admirable sentido de oportunidad.

Con lo expuesto, le alcanza y le sobra para ser un excelente elemento defensivo. Más allá del puro

trabajo de contención, comienzan sus problemas; pero ya hemos señalado que tiene la virtud de no pretender salirse de su órbita.

En el campeonato recientemente terminado (1962), Simeone ha cumplido algunas muy buenas actuaciones. Otras no tan buenas, pero sin pasarse a la banda opuesta. Mala, realmente mala, una sola, aquella contra Vélez Sarsfield en Liniers, oportunidad en que pareció sentir el complejo de tener a su frente los colores que debían estar muy

dentro de su corazón.

Simeone ha cumplido en medida más amplia de lo que le cabía esperar. Cuando la ausencia de Benítez pareció convertirse en problema grave, él contribuyó a solucionarlo de manera enteramente satisfactoria. En cada uno de los partidos que ha jugado, siempre su faena, aún la más opaca, dejó un resquicio para el elogio.

Es fácil comprender que no siempre basta con hacer las cosas con buena voluntad para llegar al acierto. Pero Simeone, futbolísticamente, no es sólo una definida estampa de voluntad. Tiene aptitudes que nadie se atrevía a negarle. No las sabe toda, pero las que está en su cuerda, las hace magníficamente, sin ninguna duda.

No en vano, por otra parte, ha sido integrante habitual de la selección durante muchos años. Y en el fútbol como el nuestro, donde hace tiempo que escasean las individualidades brillantes, las piezas de complemento como Simeone siempre son muy valiosas.

Fuente: Así es Boca (1962)


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