DELFÍN BENÍTEZ CÁCERES


Delfín Benítez Cáceres
Delfín Benítez Cáceres

Nació en Asunción del Paraguay el 24 de septiembre de 1910. Pero escribiría sus páginas más gloriosas en un barrio tan distinto como la Boca. Se inició como futbolista en Libertad donde no tuvo un destacado rendimiento, a pesar de que fue nombrado para integrar la selección paraguaya que vino a Buenos Aires en 1929. Sin embargo su paso fue casi inadvertido ya que integraba el ala izquierda  del ataque con Sosa Lago, jugador consagrado como atacante. Sin embargo los dirigentes xeneizes se detuvieron para observar el juego codicioso de ese delantero hábil y veloz. En 1932 se concretó su pase a la entidad de la ribera llegando a buenos Aires poco antes de la iniciación del torneo de esa temporada. A partir de ese entonces sería uno de los delanteros más importantes de nuestro medio. Era Delfín Benítez Cáceres.

No fue titular desde el mismo momento de su llegada, e incluso tardó su inclusión en primera división. Mientras tanto militaba en la segunda división donde rápidamente confirmó sus condiciones de goleador. Sólo restaba que fuera probado en primera, junto a los titulares, para confirmar esa promesa que era en intermedia. Y la oportunidad llegó. Fue la fecha Nº 15 del

Campeonato de 1932 cuando lució por primera vez la casaca azul y oro en forma oficial. El rival era nada más ni nada menos que River Plate y le responsabilizaron ocupar la plaza del "Cañoncito" Varallo. El partido finalizó igualado en un tanto por bando. No llegó a la red pero su amenazante presencia inquietó permanentemente la tranquilidad del golero riverplatense, Poggi. Justamente ante el mismo rival alcanzaría su consagración definitiva. Se jugaba la segunda rueda del mismo campeonato y ya había alternado con éxito en el primer equipo y convertido dos goles de importancia. Restaban pocos minutos para finalizar el partido en el estadio de Alvear y Tagle estando el marcador igualado en un gol, conseguido por él a los 27 minutos de la primera etapa. En ese momento recibió el balón a unos treinta metros del arco defendido por Sirni. Sin dudar un instante sacó un estupendo derechazo que ingresó por el ángulo superior derecho sin que el arquero pudiera evitar el gol a pesar de su esfuerzo. A partir de esos momentos fue el ídolo de la Nº 12.

Rápidamente los críticos de la época se detuvieron en el análisis de ese delantero que era carta de gol en el ataque auriazul. Muchas fueron las expresiones que trataron de definirlo. Quizás la más acertada haya sido aquella que decía: "Es una mezcla de Varallo y Cherro". Más precisa no pudo ser la caracterización. Fuerte y seguro en el momento de la definición, sagaz e inteligente para buscar los caminos hacia la valla rival. Era un delantero completo. Tenía todo lo que se le podía pedir a un atacante.

Tan bueno como fue en el campo de juego, lo era fuera cuando compartía los momentos de ocio con sus compañeros. defensor sin renunciamientos de su patria, dejó muchas anécdotas risueñas en su paso por boca. En 1935 cuando llegó a la entidad el brasileño Martín Silveyra, muy inteligente e intencionado, se trenzaba en largas discusiones para dejar bien parada a su patria. El brasileño le preguntaba: "Es verdad que en Paraguay no hay diarios y ponen las noticias en un pizarrón y llaman a la gente a la plaza?". Ni lerdo ni perezoso "el boquerón" replicaba "Y vos, ¿cómo sos brasileño sin ser negro? --agregando--. Los brasileños son altos para bajar los cocos sin escaleras". Y no sólo con los brasileños que aumentaron en el '34, sino también con los argentinos.

Con los años fue considerado uno de los cuatro mariscales que tuvo el fútbol paraguayo en su historial, junto a Gerardo Rivas, Manuel Fleitas Solich y Arsenio Erico. En el '37 tuvo diferencias con los dirigentes auriazules pero finalmente llegaron a un acuerdo. Cuando terminó su paso por Boca fue a defender los colores de Racing Club, donde continuó afirmando su condición de goleador. Sin embargo siempre lo consideraron un xeneize de ley, extendiéndole los simpatizantes auriazules una carta de ciudadanía de su club en una cena homenaje. Fue un gran jugador y quizás haya sido el mejor exponente extranjero que vistiera la casaca azul y oro.


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