JUAN ELÍAS YUSTRICH


Juan Elías Yustrich
Juan Elías Yustrich

Ya se había ido para siempre Américo Tesorieri. Mena había conseguido mantenerse en el primer equipo aunque sus desempeños no llegaron a conformar en más de una oportunidad. Fosatti se adueñó del puesto pasada la mitad del campeonato 1931. Sin embargo, el lugar parecía que no estaba cubierto. De rosario llegaban buenos comentarios de un muchacho que era casi infalible en los campeonatos locales. Los dirigentes xeneizes atraídos por esa lluvia de elogios se dirigieron a la ciudad santafesina y contrataron para la temporada de 1932 a Juan Elías Yustrich.

Debutó en el marco de Boca Juniors el 13 de marzo en el estadio de Atlanta, ganando los de la ribera por 5 a 2. A partir de esos momentos sería el dueño indiscutido del puesto hasta 1937 cuando un enfrentamiento con los directivos hizo que fuera transferido a préstamo a Gimnasia y Esgrima la Plata. Se ganó el apodo de "El Pez Volador". Difícilmente se equivoque el hincha al dar un sobrenombre a los jugadores. Esas son las definiciones más precisas de las características de un jugador. Seguro, arriesgado y valiente eran las virtudes más salientes de un arquero que jamás perdía los estribos cuando una situación comprometida se

presentaba cerca de su valla. Desgarbado en su andar provocaba a veces la ira de los simpatizantes cuando con tranquilidad salía a alcanzar un balón que era buscado por un codicioso delantero. Claro que siempre la pelota quedaba en su poder.

Tenía mucho de Tesorieri en su rostro anguloso y en la pasividad de movimientos. Nunca hacía un desplazamiento más que el necesario. Lo resguardaba su excelente sentido de ubicación debajo de los tres palos. En más de una oportunidad se lo puso para revalidar condiciones con el gran "Mérico". En ese trayecto poco útil de las comparaciones se pudo comprobar que el legendario Tesorieri le hacía sombra al rosarino, pero le quitaba méritos para ser un digno sucesor de un puesto ingrato como el cuidado del arco. Antes de venir a Boca había viajado a Buenos Aires para probarse en Independiente. En un partido amistoso defendió los colores "rojos", pero no tuvo suerte. El rival de turno no tenía gran valía técnica y no le requirió gran esfuerzo cortar los pocos intentos por someter su arco. En ese momento un directivo que observaba atentamente el partido dijo: "Ese muchacho es muy confiado. En cualquier momento le meten un gol. No sirve para un equipo de primera..." Quizá ese dirigente se disgustado consigo mismo cuando ese muchacho ágil y elástico apareció junto con los auriazules y defendió con toda solvencia su invicto y fue artífice de que Boca fuera durante varias temporadas el equipo con menos goles habían hecho en contra. Era un arquero de primera. Un gran arquero.

Claro que por sus características pagó un precio elevado cuando era dueño indiscutido del puesto. No era bueno el año 1937 para Boca. El equipo no conseguía asentarse en los primeros lugares y luego de finalizar en el primer puesto fue perdiendo posiciones hasta quedar relegado de la posibilidad de conquistar otra estrella. Varios goles de los que sirvieron para que los xeneizes fueran perdiendo puntos valiosísimos fueron cargados sobre los hombros de "El Pez Volador". Entonces se lo trató de reemplazar. Sin mayor éxito pasaron Savazzini y Pape y nuevamente volvió al primer equipo. Pero ya el clima no le era favorable. Muchas fueron las formas que se intentaron para que ese arquero tuviera más "sangre". No hubo caso. Permaneció igual. Se mostró en rebeldía porque ya había hecho los méritos suficientes para ser discutido. No era un sacrificado del deporte, a la rigurosa disciplina para alcanzar la consagración. No quería la tutoría del reloj, la balanza, el entrenamiento y el lecho de las concentraciones. El mantenía su rebeldía de muchacho joven e inquieto. Por eso eligió el arco en lugar de correr dentro de la cancha. Era menos cansador. Fue transferido a los "Triperos" donde continuaría defendiendo el arco con su seguridad habitual dos años más. Después el retorno al Fisherton rosarino. atrás quedaron las tardes de brillo en un medio que le exigía "sangre" cuando lo que a él le sobraba era calidad.


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