JULIO ELÍAS MUSSIMESI


Julio Elías Mussimesi
Julio Elías Mussimesi

Julio Elías Mussimesi fue otro de los valores que llegó a Boca cuando aun estaba cercano el recuerdo quemante de una mala campaña que los sepultó en los últimos puestos de la tabla. Eran épocas malas, que se contradecían abiertamente con el prestigio que ostentaba la institución. Uno de los puestos que necesitaba de la presencia de un hombre de jerarquía, era el arco. Y a partir de 1953 el puesto fue asegurado a las manos del chaqueño.

Nacido en el Chaco, su hizo futbolísticamente en Rosario, donde impuso una moda entre sus colegas. Actuar sin rodilleras. Defendiendo el arco de Newell's Old Boys se lo vio una tarde emerger de la intimidad con sus rodillas al aire libre. Era tan común que los arqueros lucieran rodilleras, que una de las razones por las cuales Mussimesi llegó a la popularidad, fue precisamente ésta. Pero también hubo otras y de mucho más valor para el hincha. Arrojado, seguro, casi suicida en los mano a mano con el delantero que llega limpio para definir, impuso su presencia en el área que le pertenecía. Debutó oficialmente en el primer cotejo de 1950, junto a su compañero de zaga, Colman, provenientes ambos de la entidad rojinegra.

Fue una de las transferencias más importantes de la temporada. Varios fueron los interesados por contar con sus servicios. Tuvo en los finales de la década del '40 actuaciones de gran mérito que elevaron sus conceptos. Alguien escribía por entonces: "Es el mejor arquero del momento y, sin dudas, será el cuida palos de la selección nacional en poco tiempo más". Cada actuación suya promovía el elogio, en un puesto donde las ingratitudes y el éxito se combinan con llamativa frecuencia. Su estampa transmitía garantías que los errores estaban ajenos a él. Ya en Boca consolidó su nombradía y al poco tiempo, ratificando los comentarios que se habían vertido sobre sus condiciones pasó a ser titular del combinado nacional.

Fuera de la cancha derrochaba simpatía y matizaba su buen humor con la sugestiva facilidad que poseía para interpretar temas folklóricos, llegando a popularizar el chamamé "Dale Boca, viva Boca, el cuadrito de mi amor". En esa canción sintetizó  su sentimiento por los colores azul y oro. Con la pasión y calidez de alguien que lleva en su pecho la fiebre xeneize. Artífice indiscutido del campeón del '54 cuando integró una sólida defensa que fue un escollo casi insuperable para las delanteras rivales. Escasas fueron las ocasiones que su mata cayó vencida. Siguió en Boca hasta 1958 cuando dejó su lugar a otro golero joven. Atrás quedaba una impecable actuación que prestigió sus valores y concitó la admiración conjunta de los entendidos. Un gran profesional y aún, mejor persona. Para siempre quedó marcado como el "arquero cantor", pero que todos recuerdan por sus condiciones como golero, no sólo como intérprete.


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Desde el 15 de noviembre de 2000