MARCELO ANTONIO TROBBIANI


Marcelo Antonio Trobbiani
Marcelo Antonio Trobbiani (Foto: Boca "el libro")

Cruzaba Boca los momentos más cruciales de su campaña en el torneo Nacional de 1973, cuando Rogelio Domínguez se encuentra ante una disyuntiva de dar razón al pedido de la tribuna o por el contrario mantener a Carlos Pachamé  en el primer equipo, luego de los flojos desempeños que tuvo el fogoso medio campista en los últimos partidos. Bongiovanni es el hombre que está en el banco presto a ingresar al campo de juego cuando el técnico lo decida. También el "Cholo" Palmieri, que había jugado ya en primera, pero no había rendido a pleno, aunque no quitaba eso una nueva oportunidad. El encuentro siguiente es ante Ferro Carril Oeste y del triunfo de Boca dependen las esperanzas xeneizes para llegar a la conquista de la clasificación. Llega el domingo y Domínguez decide la inclusión de Marcelo Antonio Trobbiani, con el número 5. Una página breve pero brillante se escribe a partir de entonces en Boca. De entrada va imponiendo su personalidad en el centro del campo, rápidamente se gana la confianza de los simpatizantes que ven en ese chico, morocho, pelo largo, físico esmirriado, la seguridad de los que saben y conocen los secretos de la redonda. Boca gana ese encuentro y todos certifican el buen desempeño que tuvo Trobbiani en ese partido. Se lo confirma como titular en los siguientes tres cotejos y se consagra definitivamente, el partido que derrota Boca a Atlanta por 4 a 1 y donde Trobbiani, saca a relucir todo su repertorio de habilidad, con gambetas, túneles, pisadas, enganches sutiles, lo que desorienta a la zaga de Atlanta, que no saben como frenar las mandadas de ese número cinco que no se queda en el centro del campo, sino que busca los espacios libres para mandarse, y conectarse con el mejor compañero ubicado. todos los goles lo tienen como protagonista. El más recordado es el segundo. Avanzó sobre el lateral derecho. Pisó dos veces el balón cuando dos rivales lo encerraron contra la línea de costado. Amagó retornar hacia su campo, pero lo enganchó hacia fuera y metió el pase en comba para Ponce. centro de "Mané" y Curioni que toca corto asegurando la conquista. La 12 delira. Comienza a crecer un nuevo ídolo.

Sin embargo la historia grande de Trobbiani ya había tenido su punto de partida ese mismo año, cuando la selección argentina se preparaba para las instancias decisivas de las eliminatorias del Mundial de Alemania y Enrique Omar Sívori su técnico, decide formar un equipo que juegue una serie de encuentros en el altiplano, previniéndose de esta manera los efectos de la altura, incluyendo a Marcelo Trobbiani, un chico de la cuarta división de Boca Juniors. Es entonces cuando la prensa recurre a Rogelio Domínguez

para conseguir mejores antecedentes del joven elemento, y se encuentra con una imprevista respuesta: "No se quién es, no lo conozco". Sívori que había encomendado la observación de los valores en las divisiones menores cuando recibió los informes de este chico, fue a verlo, e inmediatamente lo incluyó en "los fantasmas", nombre con que se bautizó a los hombres que viajaron en esta empresa. Un imprevisto lo catapulta a la titularidad, jugando la mayor parte de los encuentros previos. Reinaldo Carlos Merlo tiene un entredicho con los que encabezan la delegación y regresa a Buenos Aires, apenas se inició la aventura. Trobbiani respondió al pedido de quienes entonces formaban el equipo. El encuentro con Bolivia, fue duro, tenso, la formación local parece tener una mejor condición física en la mitad del segundo tiempo. Es el momento en el que Sívori le dice a Trobbiani que comience a prepararse para ingresar al campo de juego y no agrega mayores explicaciones. "Juegue a su manera, pibe". Entra Trobbiani y cambia el trámite del partido. Se junta con Telch, el viejo lidiador de muchas selecciones y juntos comienzan a retener el balón, a cortar los avances de los bolivianos hacia el arco defendido por Carnevali. Termina el encuentro y Argentina logra su clasificación para el mundial. Entre esos muchachos argentinos que se abrazan, está el pibe Trobbiani, el mismo que Domínguez no conocía, pero que en poco tiempo más se convertiría en baluarte de su equipo. No fue la única ocasión en que vistió los colores celeste y blanco. En 1976, César Luis Menotti lo convoca para formar parte del conjunto que viaja a Europa para disputar una serie de encuentros con las selecciones más poderosas del viejo continente. En el primer encuentro forma parte del conjunto. Le dan la casaca número siete y juega como cuarto volante, para fortalecer el medio juego ante la sabia ofensiva que realizarían los soviéticos desde el primer momento. Integran ese equipo: Gatti, Tarantini, Olguín, Killer, Carrascosa, Ardiles, Gallego, Bochini, Trobbiani, Luque y Kempes. No brilla con su calidad pero se une al esfuerzo de un conjunto en un terreno desconocido, se jugó con campo nevado, y aporta su grado de lucha para sostener el triunfo por 1 a 0. Cuando regresan los seleccionados, contentos por el balance positivo. César Menotti lo incluye entre los hombres imprescindibles para su formación. Seguramente hubiera formado parte de los intransferibles que poco tiempo después de su venta a España se formalizó.

En 1974 comenzó a transitar el terreno de la madurez como jugador. Confirmado como titular desde el comienzo del Metropolitano, no fue reemplazado por otro hombre en ningún encuentro y se convirtió en el eje de un equipo que tenía todos los atributos ofensivos que se pudiera pedir en un conjunto. Trobbiani comenzaba con su despliegue, la potencia ofensiva con la seguridad de la defensa. Ese año, en la primera fecha del torneo Nacional, por primera vez se anotó en el marcador. Y por partida doble. Dos derechazos dejan totalmente desubicado al arquero de Banfield, Ricardo Lavolpe.

En una época donde las transferencias se habían convertido en una moda constante, Marcelo Antonio Trobbiani fue transferido con el consentimiento del técnico, ya había comenzado la era Lorenzo, quien no lo considera imprescindible para su equipo. Escasas fueron las veces que jugó en el primer equipo en 1976, porque la selección necesitó de sus servicios. Se despidió ante Estudiantes de La Plata en el Monumental, esa tarde empataron 1 a 1, y jugó con el número 8 en su espalda. No se adaptó al juego que quería imponer al conjunto boquense Juan Carlos Lorenzo, no rindió en la misma plenitud que lo había hecho hasta entonces. En España continuó rindiendo de la misma forma. Volvió a ser el muchacho atrevido y hábil, dueño del medio juego. Trobbiani había dejado Boca pero retornó para formar parte del conjunto dirigido por Marzolini en el '81 y que salió campeón del Metropolitano de ese año, junto a Maradona, Brindisi y otros grandes jugadores. También fue campeón con el Estudiantes de Bilardo y campeón del mundo con la selección argentina en México '86.


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