SILVIO MARZOLINI


Silvio Marzolini
Silvio Marzolini

¿Qué más podía pedir la hinchada de Boca que contar en sus filas con uno de los mejores jugadores del mundo?. No podía tener orgullo más valioso que un jugador que no sólo fuera símbolo de su equipo, sino también la imagen idealizada de un jugador pleno en su función dentro del campo de juego. Eso fue sin dudas Silvio Marzolini, dentro de la historia boquense. Un hombre que trascendió más allá de las fronteras de Boca y de nuestro fútbol. Su calidad fue reconocida en el universo futbolístico como una de las mejores de la década del sesenta.

Todo se produjo en el Mundial de Inglaterra de 1966, cuando la prensa especializada designó quienes a su juicio eran los mejores exponentes de cada puesto para integrar el gran equipo del mundo. La plaza de número tres correspondió a ese hombre pintón, rubio y espigado, que con su juego atildado sobresalió en el seleccionado argentino, donde se recluían jugadores  de fuerza más que de técnica., tales como Albrecht, Rattín, Solari y otros. En 1968 se juntó con los mejores jugadores de todos los seleccionados, formando parte del combinado resto del mundo con Beckenbahuer, Bobby Charlton, Albert, Farkas y otros. El Maracaná vio con asombro la facilidad con que Marzolini resolvía cada planteo que realizaba el atacante. Una barrera insuperable.

Marzolini nació el 4 de octubre de 1940 en el barrio de Barracas, cuna eterna de cracks. A los once años tuvo su primer contrato con un equipo de barrio, el Flecha de Oro y dos años más tarde fue campeón con Antártida Argentina en los torneos Evita. Al poco tiempo ingresó a la octava división de Ferro Carril Oeste y rápidamente fue escalando posiciones en las formaciones superiores. Sabedor indiscutido de sus condiciones, se sintió estancado cuando a pesar de practicar con el primer equipo no lo integraba ni siquiera en los partidos amistosos. Fue cuando se presentó ante los dirigentes y les exigió su producción, caso contrario se retiraría del fútbol. Los directivos entendieron que se trataba de un acto de rebeldía y lo suspendieron por dos años. Para cualquier otro muchacho eso hubiera significado el fin de la carrera futbolística. Para Marzolini no lo fue. Siguió jugando en equipos no afiliados y tuvo la posibilidad de ir a jugar a Italia, más precisamente en el Roma, cuando sólo tenía 18 años. Un jugador de su jerarquía solo podía promover tal hecho. Ferro le negó el pase y al poco tiempo llegó el acuerdo que lo retornó al primer equipo.

Debutó en primera nada menos que ante Boca Juniors cumpliendo una acertada tarea. Se fue afirmando con el correo de los partidos y sufrió una suspensión que lo marginó algunos partidos del primer equipo. Quiso, vaya a saber qué camino el destino, que su retorno se produjera en la revancha ante Boca Juniors. esta vez "Motoneta" Nardiello no pudo darle al ataque boquense con su velocidad la potencia que le imprimía con sus corridas. Apenas si pudo desbordar un par de veces a ese marcador que los asfixiaba con la raya. Quizá en el palco algún dirigente pensó que ese rubio, con pinta de actor de cine, tenía que lucir en su pecho la casaca azul y oro. La transferencia se realizó a fines de esa temporada, con la entrega de seis jugadores como parte de pago, junto con el pase a préstamo de Antonio Roma.

En el conjunto de la ribera debutó en la primera fecha del campeonato de 1960, venciendo Boca en el difícil reducto de Estudiantes de La Plata por 2 a 1. Se inició allí una larga lista de triunfos que coronaron para los xeneizes y Marzolini, la conquista de cinco campeonatos, en 1962, 1964, 1965 y los nacionales de 1969 y 1970 más las conquistas de dos Copas Argentinas. Uno de los hombres que más halagos consiguió con la camiseta auriazul. Integró varias defensas que son recordadas por la solidez que tenían para cortar los intentos rivales. Roma, Simeone, Silvero, Orlando y Marzolini, ingresando más tarde el uruguayo Silveira en lugar del brasileño que retornaba a su país. O la línea de zagueros que integró cuando se consagró campeón en el '69 junto a Sánchez, Suñé, Meléndez, Rogel y él.

No era un defensor que se remitía sólo a ocupar su sector defensivo. Era un veloz puntero que aprovechaba su panorama y precisión en la pegada para acoplarse a sus compañeros de ataque. Sus corridas por el lateral difícilmente terminarían  en un centro sin destino seguro. Su escalada por la raya era sinónimo de gol, siendo una preocupación para los rivales tanto cuando debían superarlo, como cuando debían superarlo y evitar la continuidad de la ofensiva. En 1969 vivió una de las alegrías más importantes de su carrera deportiva. Dio la vuelta olímpica en el Monumental. En 1972, ya cuando muchos presumían el ocaso, llegó una oferta desde Francia. no aceptó la fabulosa propuesta; quería estar al lado de su público, el número doce. Un año más tarde, Rogelio Domínguez entiende que los servicios de Marzolini no son aptos para el equipo que quiere formar. No juega partido alguno ese año y a mitad del campeonato Metropolitano se le ofrece lugar en la tercera división, pero no acepta para no rifar su prestigio. Llega el pase en blanco y el retiro definitivo. Con sus atributos técnicos aún vigentes, el silencio lo ponía el telón a su brillante trayectoria. "Preferí irme así, con mi imagen intacta. ¿Para qué homenajes o despedidas? Yo le di mucho al fútbol, pero el fútbol me dio mucho más. Le estoy agradecido". El silencio cuida de esa imagen de crack sin vueltas.
Marzolini volvió a Boca Juniors como DT en dos oportunidades, en 1981, que logró el Metropolitano y en 1995. En las dos etapas dirigió nada más ni nada menos que a Diego Armando Maradona.


Ampliación de biografía



Silvio Marzolini

CALIDAD CASI INSUPERABLE

A Silvio lo vimos por primera vez, hace algo así como tres temporadas, en un partido que Ferro Carril Oeste nos empató, en la cancha de Martín de Gainza. Y tuvimos que elogiarlo incondicionalmente. Resultaba en verdad asombrosa su prestancia, si consideramos que por ese entonces contaba solamente con 17 años de edad.

Siempre se ha discutido si un jugador de fútbol puede estar maduro para cumplir un verdadero destino de crack antes de los 20 años. de por sí, quienes hacen las reglamentaciones dudan mucho de que ello sea posible, desde el momento que se permite jugar en tercera, prácticamente, hasta los 22 años.

De admitir como racionalmente válida esa consideración sobre la edad en que un jugador puede cristalizar plenamente, tendríamos que acordar a Marzolini el título de Mozart del fútbol, en lo que tiene relación con la personalidad. La verdad es que hombres que hayan llegado a adquirir proyección internacional antes de los 20 años, se encuentran muy pocos en el mundo.

En el plano boquense, nosotros recordamos a uno solo, de mucho tiempo a esta parte: Angelillo. Cuando Marzolini vino a Boca fue recibido con un sentimiento de confianza absoluta. Nadie pensó que pudiera inhibirlo un complejo de inadaptación, ni que pudiera repetirse con él el caso de tantos jugadores que pasaron por nuestras filas, que fueron cracks en otros clubes, y en Boca la malla azul y oro los apretó hasta reducirlos futbolísticamente a la dimensión de pigmeos.

Marzolini había sido grande en Ferro Carril Oeste, y tenía que serlo en Boca Juniors. No nos cabía ninguna duda. Se desprendía de él una sugestión que llevaba, sin esfuerzo, al convencimiento de que la chaquetilla le iba a calzar a la medida. No nos equivocamos. Y ahora puede afirmarse de las más rotunda de las maneras que con Silvio Marzolini Boca ha recibido uno de los más importantes aportes de cuantos se le puedan haber brindado en toda la era del fútbol profesional.

Si algo le faltaba al rubio y atlético zaguero para ofrecer la dimensión exacta de su figura, ese algo se lo proporcionó el Mundial jugado en Chile. La escuadra argentina llevó a ese torneo a hombres de amplia trayectoria internacional, con el fogueo que resulta poco menos que imprescindible, para no sentirse atrapado y estrujado hasta la asfixia en la des de la tremenda responsabilidad.

El resultado de esta nueva intervención argentina en un Mundial, nos dice claramente que la defección era general. Y en las muy pocas excepciones, nos encontramos a Marzolini con sus 20 años presuntamente inhibitorios y con su talento futbolístico que está más allá de toda consideración de edad y de circunstancias.

Silvio mostró en el torneo internacional la destreza y tranquilidad de siempre, la misma confianza en las propias fuerzas que podía haber exhibido en una lucha sin ninguna trascendencia.

En estos apuntes, que no quieren ser puramente biográficos, sobre nuestros muchachos, no podemos caer en la redundancia de referirnos a las aptitudes técnicas de Marzolini. Todos sabemos que Silvio lleva dentro de sí el "duende del fútbol".

Nació para eso, lo que se comprueba hasta en su apostura física de atleta. Por supuesto, que no intentamos hacer ranking entre los jugadores de nuestra escuadra, pero sí debe decirse que en todo el año, entre los que más se destacaron está Silvio Marzolini.

Fuente: Así es Boca (1962)


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