VÍCTOR BENÍTEZ MORALES



Víctor Benítez Morales

MAS VELOZ QUE
LA PELOTA

Es el hombre que le descubrió al fútbol una variante insólita: la de que el hombre corra más rápido que la pelota. Claro que esa facultad en sí no puede ser tomada como un mérito especial y hasta debe admitirse que muchas veces puede convertirse en defecto, que es en los casos en que la sincronización  de movimientos no se logra y entonces podría ocurrir que sea el hombre quien su avance incontrolado se estrelle contra la red mientras la pelota queda muchos metros atrás.

Pero Benítez no es solamente un bólido. Es un jugador de fútbol que sabe aprovechar su velocidad. Un gran, un extraordinario jugador de fútbol. Cuando recordamos que uno de los talentos último modelo de la crítica futbolística aseguró una vez muy solemnemente que Benítez no podía jugar al fútbol por la sencilla razón de que no sabía hacerlo, nos viene una tentación de risa.

Que Benítez haya estado en Boca y que haya sido lo que fue en nuestros equipos, es algo que entra directamente en el terreno de las cosas sobre las cuales no se pueda ofrecer una explicación razonable.

Lo trajimos para cubrir el puesto de zaguero centro, en reemplazo de Cardoso, que terminaba su ciclo. Alguien lo había recomendado, pero la recomendación tenía contornos vagos, imprecisos, como pudo comprobarse más tarde.

En realidad, ni dirigentes ni técnicos boquenses lo habían visto jugar jamás. Lo compramos, como quien se tira un tute. Primero porque era barato y luego porque alguien - un alguien que en estos momentos nadie podría precisar quien fue - lo recomendó.

Y cuando llegó, nos encontramos con la sorpresa de que no era Nº 2 y que en ese puesto había jugada sólo excepcionalmente y muchos años atrás. Era en realidad 6, y como se dio la coincidencia de que un 6 también nos cuadraba, la adquisición, hecha con tal absoluta carencia de elementos de juicio, resultó un acierto.

Pero la embocada radicó no sólo en que Benítez fuera half, porque hombres de ese puesto los hay a montones en todos lados, sino porque además de 6 era bueno. Luego pasó de 4 y circunstancialmente de 7 y 8. Podría, naturalmente - ahora se hace evidente - jugar de 2 de 3 de 9 o de 11.

En cualquier puesto, porque Benítez lleva dentro de sí el ángel del fútbol, y los ángeles no saben de encasillamientos.

En esta temporada (1962), el moreno limeño comenzó pisando mal. Primero fue una rodilla en falsa escuadra la que le doblaba el tranco. Luego, el apéndice que reclamaba a gritos un bisturí. Pasado el doble trance, Benítez volvió, pero como delantero. En el quinteto estuvo poco y retornó a la línea media, pero tampoco se eternizó esta vez allí, ya que casi de inmediato vino su traslado a Italia, para incorporarse a las líneas del Milán.

Fuente: Así es Boca (1962)


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