JUAN CARLOS LORENZO

 


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LAS VECES QUE LORENZO JUGO CONTRA BOCA...

En su largo derrotero como director técnico, Juan Carlos Lorenzo visitó la cancha de Boca como entrenador de los equipos rivales en numerosas ocasiones durante los ’70 y los ’80.  Claro que en ninguna con tanto éxito como en el lapso comprendido entre 1976 y 1979, cuando el templo sagrado de la ribera y la feligresía xeneize conocieron las  “misas”   más celebradas por el personaje desde el banco de suplentes en toda su trayectoria profesional.

Que el “Toto”, como eternamente quedó en la memoria popular, fue un ícono, un paradigma único en el mundo del fútbol, es una verdad de perogrullo... pero también hubo otras:  Juan Carlos Lorenzo interpretó el sentimiento, el palpitar y hasta la idiosincrasia del hincha de Boca como ningún otro técnico en la historia del Club de las Estrellas.  Fue sin duda alguna el primer adelantado, casi el “Pedro de Mendoza”  boquense en el difícil arte de conjugar dirección técnica y gerencia en una misma persona: mucha agua bajo el puente debería correr para que su sitial fuera discutido por otro hombre... pero eso será harina de otro costal, o  tema de otra de éstas columnas.

Durante la segunda mitad de la década del setenta, Boca y Lorenzo significaban la misma cosa.  Los objetivos y apetencias de uno coincidían con los del otro y viceversa.   Tan grande era la identificación del coatch con las raíces auriazules que llegó a acuñar frases célebres en su paso por el club, dignas de patentarse por su cuenta y orden.  Seguramente la más lograda fue aquella que proclamaba “Boca es Sportivo Ganar Siempre”, toda una declaración de principios que resumía admirablemente en cinco palabras la esencia deportiva del Equipo del Pueblo, destinada con precisión matemática a enlazar el pasado con el futuro de la institución en ese terreno y que convendría adoptar como definición de cabecera en la actualidad, a la hora de pensar decisiones relacionadas con la materia...

Verborrágico y polémico desde siempre, histriónico y utilitario para plantear los partidos (“... en el Boca que tengo en mente, el que quiera chiches que vaya a una juguetería ...”), ocurrente y hábil como pocos para  esconderle la baraja al adversario ( porque “... el que aviva a un gil, mata a cuatro vivos...” , según una de sus “máximas”); de esa simbiosis mágica el principal beneficiado resultó ser el Jugador Número Doce, acostumbrado a tomar whisky en balde durante aquellos años ilustres.

Pero Juan Carlos también se sentó en el banco de al lado, sobre los viejos palcos de la calle Iberlucea...

Fue el 28 de Mayo de 1972, por la 17ª fecha del Metropolitano, dirigiendo a San Lorenzo.  Los “santos” venían marchando y así lo hicieron ante el Boca del chileno Riera antes de alcanzar meses más tarde el Campeonato, cuando lo derrotaron por un categórico 3 a 0 con goles del “Gringo” Héctor Scotta (2) - aquél que diez años más tarde vestiría fugazmente la azul y oro - y Victorio Cocco - quien también sería boquense en el ’77 justamente bajo las órdenes de Lorenzo, aunque en calidad de suplente.

Jugaron por Boca aquella tarde para darle más “lustre” a la victoria azulgrana, Rubén Sánchez, Marzolini, Orlando Medina, Curioni, Potente y Ferrero; entre otros.

Al año siguiente, el 19 de Abril de 1973 y antes de partir para España a dirigir al Atlético de Madrid, “Giancarlo” volvió a La Bombonera al frente de San Lorenzo por la  8va. fecha de ese Metro.  Esta vez fue 1 a 1, con apertura de marcador para los “cuervos” - Chazarreta - y empate  para el Boca de Domínguez por un cabezazo de  Rubén Osvaldo Potente, quien no solo era dueño de un talento ilimitado y de ojos en cada uno de los poros de su cuerpo redondo, sino que evidenciaba una increíble facilidad y destreza para el juego aéreo; siendo que apenas llegaba al metro sesenta de estatura, dicho esto con buena voluntad...
Durante 1975 el ”Toto” armó una “revolución” en Santa Fe dirigiendo a Unión,  y el 08 de junio llegó a tambor batiente y paso redoblado a la que sería la morada más

feliz de su carrera. Allí,  por la  24ta. fecha del Metropolitano, los soldados de un Domínguez “en retirada” le mostraron el polvo de la derrota: 1 a 0 para Boca por obra y gracia de Potente, quien cambió por gol una


Juan Carlos Lorenzo "El Toto"

 canchereada del “Loco” Gatti, a la sazón arquero “tatengue”, a punto de desembarcar su genio y figura por la ribera.   Esa tarde además de Hugo, jugaron para la visita Mastrángelo y Suñé, nombres estos que llevados de la mano por Lorenzo marcarían a fuego la historia de Boca durante los próximos cuatro años.  El inefable DT sembró de “miguelitos” y “rompeportones” el terreno -  al “Chapa” lo puso de quinto volante con la “once” -  pero la inspiración de “Patota” le hizo añicos la trinchera.

Justamente Potente, a quien junto con Miguel Alberto Nicolau mandaría de regreso en 1976 a causa de su inconducta en ocasión de la   primer pretemporada como entrenador boquense, aconsejándole a Armando la venta de ambos...

Pasarían cinco largos años para que el gran Maestro regresara “al pago” en condición de visitante; en realidad pareció haber transcurrido una eternidad desde aquél partido con Unión de Santa Fe: en el medio, las imágenes todavía frescas de una epopeya.

Fue la noche del miércoles 23 de abril de 1980, olvidada en el tiempo por los estadígrafos, desempolvada por nosotros en esta evocación.

Él y la gente experimentaron uno de los sentimientos más encontrados de los que haya sido testigo La Bombonera en sus sesenta y dos años de existencia: la alegría de la vuelta a casa, la amargura de saberlo ajeno luego de encabezar años de felicidad hasta entonces jamás vividos...

Como aquellos generales que retornan tras una larga estadía en el campo de batalla, el “Toto” paseó su andar cansino por el terreno de las grandes victorias exhibiendo las medallas de las guerras ganadas, pero también sus cicatrices.

Cuando alcanzó la zona de los palcos pareció enfilar hacia el banco de suplentes local, ése que conocía como el living de su casa... pero la presencia de Antonio Ubaldo Rattín - su sucesor como DT en Boca, nunca un santo de su devoción - y la realidad, le hicieron cambiar de rumbo.

De pronto, la nostalgia lo invadió todo y el partido por jugarse importó nada: los fantasmas de Cruceiro en el Centenario, Borussia en Alemania y Deportivo Cali en ese mismo estadio, coqueteaban por cada rincón de La Bombonera; y una cancha atestada le tributó una ovación como jamás le había entregado a técnico alguno en la historia del club, la misma que lo recibiría una tarde de setiembre de 1987 frente a Racing de Córdoba, cuando el binomio Alegre - Heller lo fue a buscar para hacerse cargo de un equipo en llamas... la misma que lo acompañaría hasta el final de sus días, cuando El Patriarca solía pisar el santuario de sus múltiples hazañas.

Las crónicas de época dijeron que esa noche se enfrentaron Boca y Racing de Avellaneda por la 15ta. fecha del Metropolitano; que el Club de las Estrellas navegaba en una profunda crisis económica y deportiva; que deambulaba por el fondo de la tabla; que su nuevo técnico no daba pie con bola en el armado de un equipo “viejo
y baqueteado”, según sus propias palabras; que el Maestro, como conductor de Racing,  volvía a su hogar por primera vez  después de tanta gloria compartida y locura desatada.

También que algún idiota lo insultó porque “ ... en Boca me quedo para poner el hombro”; célebre e inoportuna expresión escapada de sus labios horas antes de firmar para la Academia en diciembre de 1979,  dicha “pour la galerie” sin sustento racional alguno.  Porque más no se podía ganar; porque no había con qué; porque lo último que deseaba era ser el verdugo de aquél ejército irrepetible que había llevado a su comandante a cabecear las nubes y porque en suma, como en la vida, todo tiene un final... todo termina.

Los comunicadores contaron que el partido terminó 1 a 1 (Ricardo Alonso, de penal, para la visita; Miguel Bordón, el empate, para Boca);

 que una multitud impresionante vio a Santos; Hugo Alves, Sa, Capurro y Bordón; Benítez, Abel Alves (después Veglio), Ribolzi (luego Randazzo); Coch, Husillos y Salinas; que todos habían sido sus discípulos a excepción del “Ratón” Coch, repatriado en el ocaso de su carrera; que no se entendía semejante convocatoria con Boca en la cola de las posiciones, que...  Trivial, pueril, anécdota pura en definitiva: las razones de tanta fidelidad pasaban por otro costado...

La fiebre Maradona tapó todo durante 1981; y así pasó casi de incógnito por el barrio dirigiendo a Argentinos Juniors primero en el Metro (2 a 0 para el equipo de Marzolini; goles de Benítez y Brindisi; con Bordón, Salinas, Zanabria y Randazzo en la cancha a las órdenes de Lorenzo frente a sus ex - compañeros) y a San Lorenzo después en el Nacional, cuando Diego y compañía le hicieron precio ganándole  3 a 0   un partido cuyo tanteador pudo tener características de bochorno (Gareca, Maradona y Escudero).

La última vez que Juan Carlos pisó La Bombonera como técnico en actividad dirigiendo contra Boca, merece una columna aparte: porque fue “la del estribo”, porque no salió derrotado pero tampoco ganó, porque casi termina en escándalo y porque esos caprichos del destino quisieron que el 15 de enero de 1983, el “Toto” desde el banco y Carlos Bianchi jugando por Vélez, aunaran sus esfuerzos para ganarle a Boca.

"TOTO" Lorenzo 1976

Lorenzo y Bianchi; Bianchi y Lorenzo: todo lo que el binomio pueda a usted sugerirle, corre por su exclusiva cuenta...

Nosotros le ponemos puntos suspensivos y volvemos a aquella noche del primer regreso, cuando el pueblo xeneize no dejó metro cuadrado de Bombonera sin ocupar:

Por haberlos hecho vivir el orgullo de ser boquenses, de poder contarlo, de saber gritarlo...

Por haberlos hecho inmensamente felices...

Porque querían pagarle con una palabra de “cinco guitas”, que siempre está en liquidación a la hora de los cumplidos, que está mas “junada” que el tango La Cumparsita... pero que encierra un mundo: GRACIAS.

Por los siglos de los siglos, Toto.

Amén.


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